2 de diciembre de 2017 y el día ya
predecía que sería un bonito sábado para disfrutar. Sol durante toda la mañana
y se mantuvo por la tarde, alistarse y salir enrumbado al Coliseo Manuel
Bonilla – la casa del vóley peruano. Trayecto largo el que nos esperaba para
llegar al distrito de Miraflores y un sol que empezó a intensificar su emanación
de rayos. Por momentos hizo el camino un poco tedioso sumado al “bello” y
caótico tráfico capitalino pero mientras más avanzaba el transporte sabíamos que
nos acercábamos a presenciar dos grandes partidos.
Pues bien, llegamos al coliseo. Intercambiamos
dinero por los preciados boletos y a buscar los mejores asientos para tener un
buen panorama del rectángulo que albergaría a 24 muchachas en dos partidos que
saldrían para darlo todo por sus colores y sobre todo por su pasión al deporte
que tantas alegrías nos da, el vóley. Aún se sentía la euforia del día
anterior, de aquella disputadísima final masculina entre el Club Peerless y el
Club Regatas Lima. Había sido una noche espectacular para el equipo de Luis “Demolición”
Soto y compañía, y quizás sin saberlo los muchachos habían dejado el coliseo
preparado para presenciar encuentros de mediano y alto calibre.
Compramos unas bebidas, gaseosas
Coca Cola, y unos potes de canchita pop-corn para calmar el calor incesante de
Lima y un poco también las ansias de más vóley. Muy bien, todo listo, saltaron
al campo los sextetos de Sporting Cristal y de la USMP. Saludos a las tribunas,
respuestas de estas, y a empezar el calentamiento previo. La espera se nos hacía
larga, por mientras revisaba el reloj y el celular, un poco de redes sociales
para el ocio y la información y de vez en cuando echándole un ojo al terreno de
juego a la espera del inicio del encuentro. Pitazo del árbitro y por fin empezaría
lo que vinimos a ver. Presentación de ambas escuadras, saludos con sus
compañeras, con su entrenador y al campo de juego. Otro pitazo del juez y ahora
el balón volaba por los aires del coliseo. El balón tomaba diferentes formas y
diferentes velocidades. El esférico azul y amarillo se movía al compás de las
jugadoras. Fin del primer set, el sexteto celeste cambia de cancha sonriente
tras hacerse de la primera manga. Un descanso de unos minutos, charla con el
entrenador, jugueteos entre ellas, luego a la línea lateral del campo y chip
nuevo para el siguiente set.
No sé si tenía un deja-vu, pero
ese segundo set lo había visto minutos antes. Cristal nuevamente jugaba mejor
que la USMP y se acercaba nuevamente al punto 25. Con un poco de empeño y sobre
todo desesperación de su entrenador, las albas lograron inquietar a las
rimenses pero eso no modificó que la segunda manga terminara 25 – 22. Las del
Rímac, con mucha más confianza, hicieron un nuevo cambio de cancha y desde ya
se preparaban para cerrar el encuentro. Inicio del tercer set y sinceramente
que fue para el olvido. Las celestes sobrepasaron sin sobresaltos a su rival
que no encontraba como hacerles daño. Final de la última manga y del match.
Saludos en la red entre ambos equipos, un poco de estiramiento y a las duchas. Con
el resultado anterior, el siguiente encuentro se ponía de infarto ya que de ahí
saldría el próximo campeón. Pero teníamos que esperar el mismo protocolo del
primer partido.
Todo fue un calco del primer
partido. Revisión de las redes sociales, un sorbo de gaseosa, un par de maíces de
pop-corn. Minutos van, minutos vienen y por fin se dio la presentación de los
equipos. Película repetida. Saludos de las jugadoras, al campo, pitido inicial
y a jugarse el campeonato. Esta vez en el campo se encontraban Géminis de Comas
y la Universidad César Vallejo. Ambas escuadras, con jugadoras más
experimentadas en el campo de juego, batallarían por levantar el trofeo de
campeonas y llevarse la gloria. A Géminis le bastaba hacerse de dos sets, a las
poetas les interesaba solo un complicado resultado, la victoria.
Primer set para las poetas,
segundo para las guerreras de Comas, tercero nuevamente para las poetas y
quedaba un set definitorio para ambas escuadras. El todo o nada. La gloria o la
decepción. Como set definitivo, digno de una final y digna de ambos equipos
batalladores, se luchó punto a punto no hubo alejamiento en el marcador de
ningún equipo. Parte final del set y Géminis se encontraba a un paso de
coronarse pero la tacneña Claudia Palza comete un error que acercó al equipo
vallejiano. Palza, al punto de las lágrimas no lo podía creer, sentía que había
perdido una gran oportunidad. El partido siguió su curso y tuvieron que alargar
el match pasado los 25 puntos reglamentarios. La tensión seguía en el coliseo y
rondaba por las 12 chicas que daban su mayor esfuerzo en el terreno de juego.
Se acercaba el fin de la manga y el destino, y el buen juego, determinó que
Géminis se llevara el set y por ende el campeonato. Festejo mesurado. Ya eran
campeonas pero aún faltaba un set más para cerrar con broche de oro. Saltaron
al campo con ánimos distintos los dos equipos. Como para revalidar su reciente
título, las dirigidas por Sara Joya se hicieron del quinto juego y se colgaron
las medallas doradas y levantaron el trofeo. Las jugadoras de la UCV con un
sinsabor por haber dejado escapar el triunfo, recibieron las medallas del
segundo puesto y un trofeo pequeño que reconocía su esfuerzo durante la
temporada.
Sin duda que fue un sábado
electrizante.